El lado oscuro del crecimiento personal y el neoliberalismo del alma.
Descubre por qué el verdadero crecimiento personal es el crecimiento espiritual y la pregunta fundamental que te tienes que hacer.
Antes de comenzar…
Esta no es una publicación más en tu bandeja de entrada. Es un momento para ti. Una pausa sagrada en medio del ruido. Un espacio donde recordamos que el trabajo más importante no es el que hacemos allá afuera, sino el que hacemos adentro, con nosotros mismos.
Aquí no hay fórmulas. Solo verdad, presencia y práctica.
¿Desde dónde comenzar?
La pregunta surge una y otra vez, persistente en nuestra mente: ¿Por dónde empiezo mi viaje hacia el crecimiento personal?
En la sociedad actual, nos encontramos inmersos en una cultura que parece estar obsesionada con el rendimiento.
Crecer, en este contexto, a menudo se traduce en producir más, lograr más, ganar más y destacar más que los demás. El crecimiento personal ha evolucionado, en muchas ocasiones, hasta convertirse en una herramienta que busca optimizar nuestro ser.
Es una forma sutil y refinada de autoexplotación que nos empuja a ir más allá de nuestros límites.
El filósofo Byung-Chul Han ha señalado cómo incluso el mindfulness —una práctica que nació como un medio para cultivar la atención y la liberación personal— puede transformarse en una mera técnica para adaptarse al sistema neoliberal.
En lugar de alentarnos a cuestionar la presión estructural que nos rodea, nos enseña a gestionarla de manera más efectiva, de modo que podamos continuar rindiendo. Nos proporciona una calma superficial… solo para que podamos regresar a la rueda de producción.
Por esta razón, la primera pregunta que deberíamos plantearnos no es cómo crecer, sino más bien: ¿para qué?
Si nuestra intención más profunda es alcanzar un mayor éxito, acumular más dinero o buscar más validación, el llamado “crecimiento personal” se convierte en un refuerzo de la lógica que ya nos agota.
Esta búsqueda solo incrementa nuestra autoexigencia, afina nuestro perfeccionismo y eleva constantemente el estándar al que nos sometemos. Y, en un giro irónico, nos aleja cada vez más de nuestra verdadera esencia.
El verdadero riesgo no reside en el fracaso. El verdadero riesgo es alcanzar el éxito… y perder el alma en el proceso.
Del yo falso al yo auténtico
Thomas Merton se refería al “yo falso”: esa identidad forjada a partir de expectativas ajenas, máscaras sociales y una autoafirmación ansiosa.
Es la parte de nosotros que siente la necesidad de demostrar su valía de manera constante.
El crecimiento espiritual implica la transición del yo falso hacia el yo auténtico.
Este último no busca pruebas de su existencia.
No compite, no se compara, ni se defiende de manera continua. Simplemente es.
No obstante, esta transformación no se realiza sin esfuerzo, y esa lucha es interna. Se trata de aprender a distinguir los pensamientos que no nos definen, las voces que no nos pertenecen y las demandas que no surgen de nuestra verdad más profunda.
Conocerse a sí mismo no es un acto de narcisismo, sino un proceso de exploración. Es descubrir que, bajo el miedo, reside un deseo; bajo el deseo, un anhelo; y debajo del anhelo, una llamada.
La intención que lo cambia todo
Por eso, regreso al principio: ¿ Desde qué lugar deseo crecer?
Si mi intención es simplemente expandir mi ego, acabaré más fragmentado y desorientado que antes.
En cambio, si mi propósito es descubrir la verdad que habita en lo más profundo de mi corazón, entonces iniciaré un proceso de unificación y encuentro interior.
Esta Bitácora Interior surge precisamente con ese objetivo: ser un acompañante en la travesía del autoconocimiento.
Se trata de dar nombre a la lucha espiritual sin caer en dramatismos ni en juicios morales.
Es un espacio para reconocer y enfrentar nuestros logismoi contemporáneos, esos pensamientos y deseos que nublan nuestra autenticidad.
El camino que se presenta no es uno de rendimiento ni de competencia; es un sendero de verdad y autenticidad.
Y el primer paso no implica hacer más, sino mirar con honestidad la intención que nos impulsa hacia adelante. Ahí es donde realmente comienza todo.
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Aldo Civico es autor, mentor y maestro en el arte de acompañar procesos profundos de transformación. Ha asesorado a líderes, artistas y agentes de cambio en todo el mundo. Es doctor en antropología, profesor en universidades como Columbia y experto en neurociencia del bienestar, epigenética, sanación emocional y liderazgo consciente. Con Simon Sinek, lidera la clasificación de los expertos en liderazgo a nivel global (Global Gurus, 2026).
Pero, ante todo, Aldo es un viajero del alma. Alguien que ha caminado y sigue caminando por dentro y por fuera. Que ha estado en trincheras y en templos, en crisis y en cumbres. Y que La Bitácora Interior no escribe para enseñar, sino para compartir lo que ha vivido, lo que sigue aprendiendo y lo que —en el fondo— todos necesitamos recordar.
Su lema: «Tu destino es brillar».
Su práctica: acompañarte a volver a ti.




Aldo bien lo dice Byung-Chul Han en la Sociedad del Cansancio: “La coerción externa es reemplazada por una autocoerción que se hace pasar por libertad”, el crecimiento personal y el falso desarrollo espiritual de esta época podría ser una trampa sin salida.