Por qué tus metas de Año Nuevo fallan: cómo diseñar tu vida desde la soberanía interior.
Descubre la verdad sobre por qué la gran mayoría de tus metas para el 2026 van a fallar y explora cómo ayudarte a vivir un año en alineación con quien eres.
¡Feliz año nuevo!
Sábado 31 de diciembre voy a facilitar un taller presencial en Medellín: 2026: El mejor año de tu vida. Es la oportunidad de volver a nuestra esencia y crear el nuevo año desde nuestro yo auténtico. Va a ser una experiencia profunda, de conexión genuina con nuestro ser, donde aprenderás métodos que te ayudarán a volver tus metas para el 2026 en una realidad. Encuentras más información aquí o puedes enviarme un mensaje por WhatsApp.
(Puedes ver el video integral aquí)
Hay una escena que se repite cada diciembre, casi como un ritual colectivo. La imagino con nitidez.
Estás sentado frente a tu escritorio, quizá con una taza de café humeante o una copa de vino. El año se apaga lentamente. Frente a ti, un cuaderno nuevo. El papel en blanco tiene algo de sagrado: promete orden, redención, un nuevo comienzo. Y entonces escribes. Este año sí. Este año bajo de peso. Este año facturo el doble. Este año encuentro al amor de mi vida.
Mientras lo haces, sientes ese pequeño subidón de energía. Dopamina pura. Recortas imágenes para tu vision board: la casa soñada, el cuerpo ideal, el viaje pendiente. Todo parece posible. Todo parece estar al alcance de la mano.
Pero déjame avanzar la película unas semanas.
Es 15 de febrero. El cuaderno duerme en un cajón. El gimnasio ya no te reconoce. La ansiedad —esa vieja conocida— ha vuelto a sentarse contigo a la mesa. Y aquí viene lo incómodo, dicho con profundo respeto y cariño: la mayoría de esas metas, escritas con tanta ilusión, van a fallar.
No porque seas indisciplinado. No porque te falte fuerza de voluntad. Y, por favor, escucha esto con atención: no porque haya algo defectuoso en ti. Fallan porque nacen del lugar equivocado.
No surgen de tu soberanía interior, sino del ego asustado que se siente pequeño y busca salvarse a través de cosas externas.
Cuando el ego diseña el futuro desde la carencia
Durante más de treinta años he caminado junto a líderes, artistas y buscadores. He visto personas alcanzar cimas que el mundo admira y, aun así, sentarse frente a mí con los ojos llenos de lágrimas y una sensación de vacío imposible de disimular. Por eso nunca me ha interesado la motivación barata.
No me importa entusiasmarte durante cinco minutos. Me importa algo más radical: que recuerdes quién eres.
La primera razón por la que tantas metas colapsan es simple y profunda: no las estás escribiendo tú. Las escribe tu ego.
En el budismo existe la imagen de los fantasmas hambrientos: seres con estómagos enormes y bocas diminutas, siempre insatisfechos.
El ego herido funciona igual. Vive comparándose, creyendo que nunca es suficiente. Y desde esa herida no diseña futuros; diseña compensaciones.
Míralo con honestidad. “Quiero bajar diez kilos”. ¿Por amor al cuerpo o por rechazo a lo que ves en el espejo? “Quiero ganar más dinero”. ¿Para crear y servir, o para sentirte por fin válido ante el mundo?
Cuando una meta nace de la carencia, tu sistema nervioso la percibe como una amenaza. No estás creando; estás huyendo de ti mismo. Y nadie puede construir una vida plena mientras huye de su propia sombra.
El cuerpo recuerda lo que la mente quiere negar
Aquí aparece otra trampa elegante: el vision board. Imágenes de mansiones, viajes, éxito. El filósofo Alan Watts hablaba de la ley del esfuerzo invertido: cuanto más desesperadamente intentas flotar, más te hundes. Con las metas sucede algo parecido.
Cuando miras esas imágenes desde el “necesito esto para estar bien”, entrenas tu cerebro a notar la falta. No la posibilidad.
El mensaje es sutil pero constante: todavía no eres suficiente. Y el cuerpo, que es mucho más sabio de lo que creemos, responde contrayéndose. Aparecen la procrastinación, el cansancio, la resistencia invisible.
Entonces llega el juicio: “Ves, no tienes disciplina”. Pero no es falta de disciplina. Es tu sistema nervioso diciendo: no me siento seguro persiguiendo esto.
Ningún cuerpo quiere correr hacia un futuro que lo amenace con más autoexigencia, comparación o rechazo.
Diseñar el año desde la soberanía interior
Por eso quiero proponerte otro camino. El camino de la soberanía interior.
Epicteto, que nació esclavo, decía que la libertad consiste en no depender de lo que no está bajo nuestro control. Diseñar tu año desde la soberanía no elimina la ambición; la ordena.
Es pararte frente al futuro y decir: mi dignidad no está en juego. No necesito lograr algo para merecer existir.
Cuando las metas nacen desde ahí, dejan de ser una súplica y se vuelven una expresión. Ya no dices: “ojalá el universo me dé seguridad”, sino: “soy creativo, capaz, y es natural para mí generar riqueza, vínculos, bienestar”.
La energía cambia. Pasas de la necesidad a la preferencia. Y, paradójicamente, cuando dejas de necesitar con desesperación, la vida coopera con más facilidad.
Tres movimientos del alma para un año distinto
Entonces, ¿cómo se traduce esto en la práctica?
Primero: antes de escribir 'hacer', escribe 'ser'.
Friedrich Nietzsche lo dijo sin rodeos: “Llega a ser quien eres”. Decide quién eliges ser este año, independientemente de los resultados. Quizá alguien que se trata con amabilidad radical. Esa elección ya es soberanía.
Segundo: escribe una lista de renuncias.
Miguel Ángel decía que para esculpir al David solo quitó lo que no era David. ¿A qué versión de ti estás dispuesto a renunciar? A la víctima, al complaciente, al que vive justificándose. Lo que sueltas crea espacio para lo nuevo.
Tercero: usa tu cuerpo como brújula.
Si al escribir una meta sientes expansión, incluso con miedo, hay verdad. Si sientes contracción, pesadez o rigidez, escucha. Ahí habla el ego.
Si has leído hasta aquí, quizá sea porque estás cansado. Cansado del ciclo de entusiasmo en enero y de culpa en febrero.
Esta bitácora no es una técnica más. Es una invitación a regresar a casa. Como recordaba Rumi, no eres una gota en el océano; eres el océano entero en una gota.
No le pidas al año que te complete. Ya estás completo. Desde ahí, crea, juega, explora. Diseñar desde el ego es sobrevivir. Diseñar desde la soberanía es, por fin, vivir.
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Aldo Civico es autor, mentor y maestro en el arte de acompañar procesos profundos de transformación. Ha asesorado a líderes, artistas y agentes de cambio en todo el mundo. Es doctor en antropología, profesor en universidades como Columbia y experto en neurociencia del bienestar, epigenética, sanación emocional y liderazgo consciente.
Pero, ante todo, Aldo es un viajero del alma. Alguien que ha caminado por dentro y por fuera. Que ha estado en trincheras y en templos, en crisis y en cumbres. Y que La Bitácora Interior no escribe para enseñar, sino para compartir lo que ha vivido, lo que sigue aprendiendo y lo que —en el fondo— todos necesitamos recordar.
Su lema: «Tu destino es brillar».
Su práctica: acompañarte a volver a ti.




Hola, gracias por darme una nueva perspectiva. Lo pondré en práctica. Mucha salud para usted y feliz año nuevo!