Porque necesitamos retirarnos al desierto…
En estos días siento la necesidad de retirarme. Añoro soledad y silencio. Poder alejarme del ruido ensordecedor que nos rodea.
Hay un exceso de estímulos, de información, de conversaciones que se repiten y no construyen.
Esta semana, un grupo de empresarios con los que estaba hablando me preguntó cómo vivir en un clima tan polarizado y cómo mantener la esperanza.
Le contesté lo que hace poco dije a la revista Emorensedor en México: hay que ir al desierto.
El desierto, obviamente, es una metáfora. No necesitamos ir físicamente allá para encontrar la soledad y el silencio que necesitamos para calibrarnos.
Les compartí a estos empresarios que todo gran líder tenía su práctica del desierto al tomar una decisión importante.
Winston Churchill se retiraba a su casa de campo, donde pintaba.
Nelson Mandela transformó la celda donde estuvo preso durante casi tres décadas en un lugar de retiro y de crecimiento personal.
Steve Jobs amaba hacer largas caminatas en soledad por Palo Alto.
Todos estos líderes no tomaron las decisiones más relevantes para la historia o la innovación de la humanidad en una sala de juntas.
Por el contrario, se aislaron y optaron por el silencio.
Porque cuando elegimos momentos de soledad y silencio, podemos calmar el ruido que invade la mente. La podemos vaciar de todo lo que no es necesario para lograr la claridad.
Es en la soledad y el silencio donde podemos identificar la voz de nuestro ser auténtico. Es en la quietud donde podemos escuchar la intuición.
La soledad y el silencio permiten ver lo que generalmente no vemos. De percibir lo que generalmente no percibimos.
Una práctica antigua.
No es casualidad que los padres y las madres del desierto elijan el desierto para purificar su mente y adoptar nuevos pensamientos.
Fue al aislarse del mundo cuando pudieron tomar conciencia del ruido mental que condicionaba su existencia. Fue de esta manera que pudieron dejar de reaccionar al mundo y, en lugar de empezar a generar un mundo que querían habitar.
El desierto fue para ellos una experiencia de autoconocimiento radical. De toma de conciencia y de responsabilidad.
Porque el silencio, que es posible en la soledad, se convierte en un espejo que te revela la calidad de tus pensamientos y creencias.
Y cuando te das cuenta de que lo que te condiciona está en tu mente y no afuera de ti, entonces puedes elegir.
Puedes elegir qué pensamientos quieres habitar. Puedes escoger las emociones que alimentan tu energía vital.
El entrenamiento más genuino para tu crecimiento personal tiene lugar en el momento de soledad y silencio. Y es en estos momentos cuando puedes adquirir claridad y tomar decisiones de calidad.
Claro, lo mejor sería planear momentos a lo largo del año en los que puedas retirarte de las dinámicas diarias y vivir una experiencia de soledad y silencio. En una bitácora anterior compartí la experiencia de silencio que hice hace un par de meses.
Una guía para crear momentos de soledad y silencio en tu vida.
Pero también hay formas de crear momentos de desierto en el ritmo de tu vida diaria. Y hoy quiero compartirte una guía simple para darte ideas sobre cómo integrar momentos de desierto en tu cotidianidad.
Estos son momentos que te sugiero elegir, sobre todo antes de tomar decisiones importantes o cuando necesitas alejarte del ruido diario para tener más claridad.
De hecho, no es casualidad que los grandes maestros del espíritu elijan el desierto de vez en cuando.
El Buda se sentó bajo un árbol antes de experimentar la iluminación. Antes de empezar su vida pública, Jesús se retiró en el desierto y al desierto regresaba de vez en cuando, después de días durante los cuales predicaba en las sinagogas y sanaba a enfermos.
Aquí, entonces, algunas prácticas que puedes integrar en tus hábitos diarios.
Caminar sin celular. Apaga el celular y camina dos o tres horas en un bosque (siempre es mejor hacerlo en un espacio natural) o en un parque de la ciudad.
Un día completo de silencio. Una vez al mes, elige un día en el que estés en silencio completo. Nota la calidad de tus pensamientos, escucha los movimientos de tu corazón.
Un retiro de fin de semana. Busca un lugar donde puedas retirarte y hacer un retiro, alimentando tu silencio con lecturas sapienciales y journaling. O busca grupos y comunidades que ofrezcan retiros de silencio.
Sentarse una hora frente al mar sin leer ni escuchar nada. Esto es algo que practico cuando tengo la oportunidad de ir al mar. De lo contrario, puedes buscar un lago, la cima de un monte o una colina desde la que contemplar el paisaje.
Una mañana en una iglesia vacía. O puede ser un templo u otro lugar sagrado donde te sientas justo y cómodo. Encontré una pequeña capilla a la que me gusta ir en la madrugada y permanecer en silencio durante un buen rato.
Un banco en un parque. Siéntate y observa la naturaleza a tu alrededor. Posiblemente quédate a pie descalzo.
Una cabaña en la montaña. Hoy en día hay estructuras de ecoturismo, como los glampings, que son espacios hermosos que propician la soledad y el silencio.
Levantarse una hora antes que todos los demás. La madrugada es preciosa para experimentar el silencio. Es algo que practico casi a diario. Me siento en el balcón de mi apartamento, tomo un café y me quedo en silencio.
Apagar el teléfono durante veinticuatro horas. Alejarse del teléfono, del WhatsApp, de las redes sociales. Hacerlo durante 24 horas es oro. También puedes implementarlo durante algunas horas del día.
Viajar solo. Es una experiencia preciosa. Lo practico bastante. Por ejemplo, cuando hago un viaje de trabajo, a veces agrego dos o tres días en los que me quedo solo en una ciudad o en un país. Es una experiencia muy restaurativa. Siempre llenó mis libretas de notas como resultado de esta soledad en silencio.
También puedes implementar pequeños momentos de desierto en tu vida diaria:
No leer correos ni mensajes de WhatsApp al despertar en la mañana; en su lugar, regálate algunos momentos de silencio y reflexión.
Hacer ayuno de noticias, alejándote del ruido informativo que, en realidad, no aporta mucho a tu conocimiento.
No ver televisión por la noche y, en su lugar, leer algo o reflexionar sobre el día que se acerca a su fin.
Cuando estás esperando a alguien o en un aeropuerto, a la espera de subirte a un avión, observa lo que pasa a tu alrededor en vez de estar pegado al teléfono.
Cuando estás manejando, deja de escuchar música o podcasts. En vez de eso, quédate en silencio.
Elige una pregunta y dedica 10 minutos diarios a reflexionar sobre ella, sin necesidad de encontrar de inmediato una respuesta. ¿Qué estoy evitando?, ¿Qué está emergiendo en mi vida?
Por lo menos una vez a la semana, come sin mirar el teléfono, sin escuchar música ni contestar mensajes.
Quizás todos estos hábitos se reducen a un único principio: aprovecha cada momento de vacío para conectarte contigo mismo, en lugar de llenarlo de inmediato con cualquier ruido.
¿Cuál de las sugerencias anteriores te decides a practicar con más frecuencia? Me encantaría que me lo compartieras.
¡Buen desierto!
Aldo
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Aldo Civico es autor, mentor y maestro en el arte de acompañar procesos profundos de transformación. Ha asesorado a líderes, artistas y agentes de cambio en todo el mundo. Es doctor en antropología, profesor en universidades como Columbia y experto en neurociencia del bienestar, epigenética, sanación emocional y liderazgo consciente. Con Simon Sinek, lidera la clasificación de los expertos en liderazgo a nivel global (Global Gurus, 2026).
Pero, ante todo, Aldo es un viajero del alma. Alguien que ha caminado y sigue caminando por dentro y por fuera. Que ha estado en trincheras y en templos, en crisis y en cumbres. Y que La Bitácora Interior no escribe para enseñar, sino para compartir lo que ha vivido, lo que sigue aprendiendo y lo que —en el fondo— todos necesitamos recordar.
Su lema: «Tu destino es brillar».
Su práctica: acompañarte a volver a ti.



