Todo comenzó en abril con un simple test epigenético, una de esas pruebas que parece que te leen el alma a través del ADN. Nunca me hubiera imaginado que, entre las sorpresas que me deparaba mi cuerpo, se escondían unos diminutos invasores: hongos. Más específicamente, Candida. Era como si me estuvieran revelando un secreto que mi intestino había guarda…
Substack es el hogar de la gran cultura


