Antes de comenzar…
Esta no es una publicación más en tu bandeja de entrada. Es un momento para ti. Una pausa sagrada en medio del ruido. Un espacio donde recordamos que el trabajo más importante no es el que hacemos allá afuera, sino el que hacemos adentro, con nosotros mismos.
Aquí no hay fórmulas. Solo verdad, presencia y práctica.
Escribo estas líneas desde el aire.
El avión acaba de despegar de Dubái, rumbo a Arabia Saudita.
Hoy sirvo como mentor y guía a líderes en una región que, durante años, solo visité en sueños. Y mientras la ciudad se pierde entre las nubes, reflexiono sobre una conversación reciente que me tocó el alma.
Almorzaba con un joven al que he tenido el privilegio de acompañar como mentor. Lo ayudé a elegir su universidad, no solo por sus notas o talentos, sino porque vi en él algo raro y poderoso: una ambición que no se disculpaba por su origen.
Su historia había cautivado mi atención. Me habló de su madre, una mujer admirable que, a pesar de haber estudiado medicina y tener un buen empleo, seguía atrapada en las dificultades económicas. Entonces me dijo algo que no olvido:
"Mi mamá ha acumulado títulos… pero no ha cambiado su mentalidad. Sigue pensando como si fuéramos pobres."
Y luego, agregó:
"Hace poco mi papá me dijo: ‘Recuerda que nosotros somos humildes’. Como si eso fuera un destino irreversible."
Sentí una punzada en el pecho.
Porque lo entendí.
Porque, de alguna manera, yo también vengo de ahí.
Las raíces no definen el cielo que puedes tocar
Mis padres comenzaron su vida juntos sin poder pagar el arriendo.
Venían de generaciones de pobreza. Su sueño no era tener lujos, sino estabilidad: un empleo fijo, una pensión, un futuro con menos incertidumbre que el pasado.
Gracias a su esfuerzo, mi hermano y yo pudimos estudiar.
Pero desde niño, yo tenía otros sueños.
Quería cantar.
Actuar.
Bailar.
Y aunque no lo decía muy alto, en mi interior deseaba tocar mundos que nadie a mi alrededor consideraba posibles.
El problema era que vivíamos en una cultura de realismo: “eso no da dinero”, “no es estable”, “haz algo más seguro”. Y para colmo, algunos profesores en el colegio me acosaban.
Mi entorno parecía programado para domesticar lo imposible.
Pero aquí estoy. Volando sobre el desierto. Sirviendo a personas que antes solo veía en televisión.
¿Por qué?
Porque nunca dejé morir a mis sueños.
Porque entendí algo esencial:
Los sueños no están hechos para recordarte lo que eres.
Están hechos para revelarte quién podrías llegar a ser.
El salto cuántico no es magia. Es mentalidad.
Hay una brecha entre lo que soñamos y lo que creemos posible.
Esa brecha tiene nombre: mentalidad.
Si tu mentalidad sigue anclada en la escasez, no importa cuánto talento tengas, tu vida será pequeña.
Podrás acumular títulos, trabajar sin descanso, incluso llegar a tener una vida “mejor”…
Pero seguirás moviéndote en el mismo nivel de realidad.
Pasar de la escasez a la abundancia no es una mejora lineal. Es un salto cuántico.
Lo explica Joe Dispenza:
Si cada día piensas, sientes y actúas como ayer, solo puedes recrear tu pasado.
Para crear una nueva realidad necesitas encarnar la versión futura de ti ahora: en tu mente, en tu cuerpo, en tu frecuencia.
Eso no se logra solo con conocimiento. Se logra con una decisión energética.
Y como dice Steven Pressfield, no basta con visualizar o esperar a estar motivado.
Hay que aparecer cada día como el profesional que ya eres.
Aunque nadie te aplauda.
Aunque el mundo no te entienda.
Aunque tu entorno te susurre: “recuerda que eres humilde”.
El poder creador del Hexagrama 1
En el I Ching, el hexagrama 1 —Ch’ien, El Creador— es la imagen del cielo en movimiento.
Representa la energía creativa pura.
No espera condiciones ideales.
No se justifica.
Simplemente crea.
Este hexagrama nos recuerda una verdad profunda:
Eres un ser ilimitado.
Tienes la capacidad de generar una realidad radicalmente distinta si te atreves a actuar desde tu totalidad.
No desde tu herida.
No desde tu historia.
Sino desde tu poder.
¿Qué se requiere para dar el salto?
Deja de verte desde tus limitaciones.
No eres tu contexto, ni tus apellidos, ni tus traumas.Encarna hoy al ser que ya vive la vida que deseas.
Piensa, habla, camina, respira como esa versión de ti.Sé disciplinado con tu visión.
La abundancia es un acto espiritual, pero también práctico.Rodéate de quienes no se asustan con tus sueños.
Porque tus sueños necesitan un entorno que no los ridiculice, sino que los nutra.Haz el trabajo. A diario. Sin excusas.
El salto cuántico no se da desde el sofá, sino desde la constancia invisible.
Y ahora…
Mientras aterrizo en Riyadh, no puedo evitar pensar:
Si me hubiera quedado en la mentalidad de mis padres —honrada pero limitada— aún viviría en la ciudad donde nací.
Haciendo lo que todos hacen.
Siguiendo la misma línea de progreso lineal.
Mejorando un poco lo que ya existía… pero sin saltar a lo imposible.
Yo elegí crear otro destino.
Desde la mentalidad.
Desde el cuerpo.
Desde el alma.
¿Y tú?
¿Hasta cuándo vas a seguir habitando un mundo que tu yo más grande ya dejó atrás?
¿Cuánto más vas a llamar “humildad” a lo que en realidad es miedo disfrazado?
No eres humilde.
Eres creador.
Y lo imposible está esperando que lo recuerdes.
Con toda mi presencia y fe en tu expansión,
Aldo
Tu compañero de viaje hacia la libertad interior.
Si disfrutaste esta lectura, el mejor halago que podrías darme es compartirla con alguien o hacer un restack.
Aldo Civico es autor, mentor y maestro en el arte de acompañar procesos profundos de transformación. Ha asesorado a líderes, artistas y agentes de cambio en todo el mundo. Es doctor en antropología, profesor en universidades como Columbia y experto en neurociencia del bienestar, epigenética, sanación emocional y liderazgo consciente.
Pero ante todo, Aldo es un viajero del alma.
Alguien que ha caminado por dentro y por fuera.
Que ha estado en trincheras y en templos, en crisis y en cumbres.
Y que escribe La Bitácora Interior no para enseñar, sino para compartir lo que ha vivido, lo que sigue aprendiendo, y lo que —en el fondo— todos necesitamos recordar.
Su lema: Tu destino es brillar.
Su práctica: acompañarte a volver a ti.




