Si has seguido mi newsletter por algún tiempo, sabes que mi enfoque sobre el bienestar ha sido una evolución constante, una búsqueda incesante de equilibrio y expansión.
Todo comenzó con un test epigenético que, más que un diagnóstico, fue un despertar.
Los resultados no solo me revelaron desequilibrios de vitaminas, minerales y aminoácidos; también me enfrentaron a una realidad que hasta ese momento había ignorado: la salud no es simplemente la ausencia de enfermedad. En ese instante, entendí que mi cuerpo pedía optimización, no solo corrección.
A lo largo de los años, como muchos, había concebido la salud como la resolución de una negatividad, un acto de reparación que nos lleva de la no-salud a la salud. Es un enfoque común, casi automático, que a menudo convierte la medicina en una herramienta correctiva. Así, cuando evocamos la salud, en realidad evocamos la enfermedad, esa sombra siempre presente que intentamos disipar.
Pero mi encuentro con la epigenética me enseñó algo más profundo: la salud puede, y debe, ser expansiva. No es solo lo que corregimos, sino lo que optimizamos. Es un camino continuo de expansión y bienestar, un arte que podemos cultivar.
La Bioneuroemoción: la salud más allá de lo físico
Mi búsqueda por comprender esta nueva definición de salud me llevó a revisitar conversaciones y lecturas que había realizado en el pasado.
Recuerdo especialmente una charla con Enric Corbera, a quien conocí tras una conferencia en México, donde ambos éramos ponentes. El sol comenzaba a descender, tiñendo el cielo de tonos dorados mientras nos sentábamos a compartir una comida japonesa. Durante esa conversación, Enric me habló de su vida y de la Bioneuroemoción, un enfoque que conecta las emociones y los conflictos no resueltos con la salud física.
Según Corbera, la enfermedad no es más que un reflejo de un conflicto emocional interno, una dualidad que tenemos resolver.
El concepto me impactó profundamente. Para Enric, la verdadera salud no reside en el cuerpo, sino en la conciencia.
Resolver esa dualidad y alcanzar un estado de unidad es lo que nos lleva a una salud integral.
Fue una revelación que, de alguna manera, resonaba con muchas de las ideas que ya había explorado en mi vida. Poco después, decidí profundizar en la Bioneuroemoción, guiado por Enric y su Instituto, donde comencé un proceso de sanación más allá de lo físico, más allá de lo evidente.
La poética de la sanación según Jodorowsky
Esta inmersión en la Bioneuroemoción me llevó a recordar a Alejandro Jodorowsky, a quien había leído años antes.
Jodorowsky, cineasta, escritor y creador de la psicomagia, tiene una visión profundamente simbólica y poética de la salud y la enfermedad. Su enfoque no solo busca curar, sino transformar. En sus escritos, la enfermedad es vista como una manifestación del subconsciente, una señal de que algo en nuestra vida necesita cambiar. La psicomagia, entonces, se convierte en un acto poético, un lenguaje simbólico que habla directamente al subconsciente.
Lo que me interesa de Jodorowsky no es la técnica de la psicomagia en sí, sino la necesidad de operar en el plano simbólico para sanar.
En su visión, la enfermedad es un conflicto emocional o espiritual que se manifiesta en el cuerpo, y solo a través de un acto simbólico podemos liberar esas energías bloqueadas.
Este enfoque me hizo reconsiderar mi propia visión de la salud. No se trata solo de eliminar síntomas, sino de transformar profundamente nuestra relación con nosotros mismos y el mundo que nos rodea.
Carl Jung y el inconsciente: la enfermedad como un llamado al autoconocimiento
Tanto Jodorowsky como Corbera encuentran sus raíces en el trabajo de Carl Jung. El famoso psiquiatra suizo consideraba que la enfermedad es un mensaje del inconsciente.
Para Jung, la salud y el bienestar dependen de la integración de todos los aspectos de nuestro ser, incluidos aquellos que reprimimos o negamos. Cuando ignoramos o reprimimos partes de nuestra psique, estas se manifiestan en el cuerpo como enfermedad, una forma en que el inconsciente nos pide atención.
Jung veía la enfermedad no como un problema a resolver, sino como una oportunidad para el autoconocimiento.
El proceso de individuación, en el cual integramos nuestras sombras y nos convertimos en seres completos, es clave para alcanzar la verdadera salud. En su enfoque, sanar no es solo aliviar síntomas, sino integrar todos los aspectos de nuestro ser en un estado de armonía.
Bruce Lipton: la epigenética y el poder de nuestras creencias
Mi encuentro con la epigenética es una continuación de esta búsqueda de salud integral.
Bruce Lipton, biólogo celular y pionero en el campo de la epigenética, propone que nuestras creencias y pensamientos tienen el poder de influir directamente en nuestra biología.
Según Lipton, no somos víctimas de nuestros genes; nuestras células responden al entorno que creamos con nuestras percepciones y creencias.
Este concepto es clave para entender cómo podemos optimizar nuestra salud: al cambiar nuestra forma de pensar, podemos cambiar literalmente la forma en que nuestro cuerpo funciona.
La epigenética me ha mostrado que la salud es un proceso dinámico. No se trata solo de corregir lo que está mal, sino de optimizar lo que podemos mejorar. Al igual que las enseñanzas de Jung, Jodorowsky y Corbera, el enfoque de Lipton nos invita a ver la salud como una expansión continua de bienestar, una oportunidad para crecer, evolucionar y liberarnos de las limitaciones que nos impiden vivir plenamente.
La salud como un arte de optimización
Hoy, mi definición de salud es radicalmente diferente de lo que era cuando empecé este viaje. Ya no la veo como un simple estado de ausencia de enfermedad, sino como un arte, una práctica constante de optimización y expansión.
Para mí, la salud es un camino hacia la libertad, una liberación de las creencias limitantes y los bloqueos que hemos heredado o creado a lo largo de nuestra vida. Es un viaje de transformación, donde cada paso nos acerca más a una versión más completa y auténtica de nosotros mismos.
Y, en ese proceso, descubrimos que el bienestar es el mayor lujo que podemos darnos. Es la base sobre la cual construimos una vida plena y expansiva, donde optimizamos no solo nuestro cuerpo, sino también nuestra mente, nuestras emociones y nuestro espíritu.
Te invito a que consideres esta visión expansiva de la salud. Si resuena contigo, y quieres seguir profundizando en este camino hacia un bienestar integral, te animo a suscribirte a mi newsletter, donde seguiremos explorando juntos cómo vivir una vida de mayor libertad, equilibrio y plenitud; lo que yo llamo el bienestar integral.





