Antes de comenzar…
Esta no es una publicación más en tu bandeja de entrada. Es un momento para ti. Una pausa sagrada en medio del ruido. Un espacio donde recordamos que el trabajo más importante no es el que hacemos allá afuera, sino el que hacemos adentro, con nosotros mismos.
Aquí no hay fórmulas. Solo verdad, presencia y práctica.
Más de tres décadas atrás, conocí a Vito Mancuso, un teólogo italiano. En aquel entonces, yo era un joven periodista escribiendo mi primer libro, La Scelta, sobre Ennio Pintacuda, un jesuita pionero en la lucha contra la mafia en Italia. Desde ese momento, Vito se convirtió en un amigo con el cual, cuando la vida nos da la oportunidad, amo tener conversaciones.
Una de sus frases se grabó en mí como un tatuaje invisible:
“Si la vida pudiera hablar, ¿qué diría de sí misma?”
Desde entonces, esa pregunta me acompaña como un eco.
He vivido momentos en los que la vida me pareció una aliada, cómplice y generosa. Pero también he sentido su adversidad: áspera, hostil, y decidida a ponerme obstáculos.
El periodismo y la antropología me llevaron a los límites de la humanidad, a situaciones donde sobrevivir se tornaba un acto heroico. He visto la vida convertirse en enemiga. He escuchado a personas describirla como una maldición.
Miguel Uribe y la vida
Recientemente, Colombia sufrió el asesinato de Miguel Uribe Turbay, un joven político y precandidato presidencial. Desde su infancia, había conocido el rostro duro de la vida; perdió a su madre a causa del narcotráfico cuando solo tenía cinco años. Ahora, su hijo de cuatro años llora por su padre.
¿Cómo interpretar esto? ¿Es la vida un ciclo de maldiciones? ¿Qué diría la vida de Miguel sobre sí misma?
Son preguntas sin respuestas definitivas, pero que se clavan como espinas en el corazón.
El giro de la escucha
En mi propia crisis existencial, a mediados de mis treintas, comprendí algo esencial: más que hablarle a la vida, debía aprender a escucharla.
Parker J. Palmer lo expresó de forma que parecía destinada a mí: “Antes de decirle a tu vida lo que intentas hacer con ella, escucha lo que ella intenta hacer contigo.”
La vida no como objeto, sino como sujeto. La vida como voz que susurra desde dentro.
Escuchar, sin embargo, no siempre es cómodo. La vida también se manifiesta en la incomodidad, en lo que se quiebra, en lo que no se alinea con nuestras expectativas. Y a veces sus mensajes son duros, desagradables, incluso insoportables.
Pero tras cada incomodidad hay un mensaje. Detrás de cada herida, una invitación.
Cuando la vida nos interroga
Richard J. Leider, inspirado por Viktor Frankl, lo manifiesta con claridad: “Muchos de nosotros cuestionamos a la vida. Frankl sugirió, en cambio: ‘Deja que la vida te cuestione a ti.’”
La vida no es solo el objeto de nuestras preguntas: también es quien nos interroga, nos pone contra la pared, nos desnuda.
Eso me sucedió. Mi crisis fue la voz de la vida preguntándome: —¿Vas a seguir viviendo para encajar? —¿Continuarás buscando aceptación y aplauso? —¿O te atreverás a vivir en libertad?
Fue difícil responder, pero liberador.
Y no soy el único. Walter Isaacson relata que, en su adolescencia, Elon Musk enfrentó una crisis porque la física podía explicarle todo sobre el universo… excepto el porqué. Ese vacío —ese silencio— también era la vida interpelándolo.
Quizás, en el fondo, todos llegamos a ese punto. La vida nos pregunta y, al hacerlo, nos obliga a responder con la esencia de nuestro ser.
El río que nos lleva
Carl Rogers me dejó una imagen clara: “La vida es un proceso fluido, cambiante, que nos lleva hacia metas de las que apenas tengo una vaga conciencia.”
La vida como río, no como objeto. Un río que arrastra, que fluye, que a veces acaricia y otras desborda. No se trata de controlarla, sino de aprender a navegarla.
Quizás, si la vida pudiera hablar, no lo haría con certezas tranquilizadoras. Tal vez nos diría que ella misma es pregunta, movimiento y proceso.
Y quizás sus palabras serían: “Confía. Escúchame. Atrévete a vivir lo que te pido.”
Una invitación final
Hoy, después de tantas interrogantes, llego a una certeza frágil pero profunda: la vida nos habla en susurros y gritos, en lo que amamos y en lo que tememos. Y siempre, detrás de esa voz, hay un llamado a una mayor libertad y autenticidad.
La crisis que atravesé fue, en realidad, una invitación. Lo que parecía un colapso era una puerta. La vida me decía: “Deja de vivir para encajar. Comienza a vivir en tus propios términos.”
Esa es, quizás, la tarea de todos nosotros: aprender a escuchar, aunque duela. Porque la vida no se silencia: espera que abramos el corazón para oírla.
La pregunta es tuya
Quiero cerrar con la misma pregunta que me regaló Mancuso hace treinta años, y que aún me acompaña como un eco:
Si tu vida pudiera hablar hoy, aquí y ahora, ¿qué diría de sí misma?
Si disfrutaste esta lectura, el mejor halago que podrías darme es compartirla con alguien o hacer un restack.
Aldo Civico es autor, mentor y maestro en el arte de acompañar procesos profundos de transformación. Ha asesorado a líderes, artistas y agentes de cambio en todo el mundo. Es doctor en antropología, profesor en universidades como Columbia y experto en neurociencia del bienestar, epigenética, sanación emocional y liderazgo consciente.
Pero ante todo, Aldo es un viajero del alma.Alguien que ha caminado por dentro y por fuera.Que ha estado en trincheras y en templos, en crisis y en cumbres.Y que escribe La Bitácora Interior no para enseñar, sino para compartir lo que ha vivido, lo que sigue aprendiendo, y lo que —en el fondo— todos necesitamos recordar.
Su lema: Tu destino es brillar.
Su práctica: acompañarte a volver a ti.



